miércoles, 12 de octubre de 2011

Una noche en la ópera (1935) - A Night at the Opera


Si tuviera que eligir 5 comedias, 5 películas para reírme a carcajadas, una de ellas sería Una noche en la ópera, de ese grupo extravagante de cómicos de vodevil que eran los Hermanos Marx. Para mi gusto, su mejor película, con ese exquisito y romántico diseño de producción que tenían esas películas de los años 30, rodadas casi por entero en decorados, en los que los directores de arte hacían verdaderas maravillas.


Digo que esta película es para mi gusto la mejor de los Marx, porque considero que los integrantes del núcleo duro de la familia (Groucho, Harpo y Chico) están perfectos en sus respectivos papeles, más graciosos que nunca, y tan bien, más comedidos en algunos aspectos. La primera vez que la vi fue hace muchos años, unos 20 (y tengo 29), en la 2. Recuerdo que la estaba viendo, solo, sin saber quién eran estos tipos, y prácticamente no dejé de reírme durante los 90 minutos que dura la película. Ahora me sigue pasando lo mismo. Es lo que me gusta de los hermanos Marx, te hacen disfrutar a varios niveles, desde el surrealismo de la elocuencia de Groucho, hasta el humor físico y visceral de Harpo, pasando por la sutil ironía crítica de Chico.


En esta película, además, se olvidan de sus números musicales de vodevil (los cuales me parecen un poco pesados, pero del gusto de la época), y limitan los números musicales a una genial representación étnica (en el barco camino de los Estados Unidos) y la representación de la ópera en sí, posiblemente la vez que este noble arte se ha visto mejor reflejado en una película. La obra elegida es una de las míticas: Il Trovatore.


Además, esta película contiene algunas de las más míticas escenas de los Marx, como la de "la parte contratante", "la escena del camarote" (muchos creen que hay una película que se llama El camarote de los hermanos Marx, pero no, la escena es de esta película), Harpo trepando por el telón del teatro, y un largo etcétera.


Aquí el hilarante vídeo de esta escena:


Lo cierto es que soy un auténtico enamorado del cine de comedia de principio de siglo XX. Creo que aquello que hicieron los Hermanos Marx, Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd, etc, no tiene precio. Eran los días de oro de la comedia, aquellos tiempos en los que Hollywood se oreó con el aire fresco que venía de New York, Chicago, la vieja Europa, y en general de cualquier lugar que no fuera California.


Se podría caer en el error de pensar que una comedia con toques musicales y de slapstick de los años 30 se ha quedado desfasada o anticuada. Nada más lejos de la realidad, Una noche en la ópera aguanta perfectamente el paso del tiempo. De hecho, dentro de este género, es de las que mejor lo hacen.

Se trata de una obra muy completa en la que vemos al mejor Groucho Marx, un genio del humor luciéndose en el papel del mítico Otis B. Driftwood, vividor profesional y directivo de una compañía de ópera, empeñado en ordeñar económica y socialmente a la millonaria señora Claypool (Margaret Dumont). Claypool y Driftwood llevarán su ópera de Italia a New York en barco para la nueva temporada teatral, y ahí comenzará un caos generalizado y tremendamente divertido.


Y como también sucediera en Una tarde en el circo 4 años después, una historia de amor entre un humilde tenor italiano sin suerte ni nombre (Allan Jones en el papel de Ricardo) y una soprano convertida en la nueva sensación (Kitty Carlisle en el papel de Rosa) articula la historia para que tenga sentido, pero sin robar el foco de atención, que siempre permanece sobre los Marx.


Por lo tanto, los Marx, dejan de lado sus aspiraciones de vividores y charlatanes para ayudar a la pareja, forzando que Ricardo consiga el papel principal de la obra tras convertirla en el mayor y más hilarante de los desastres ocurridos en un teatro. Con Harpo y Chico infiltrados en la orquesta y en el elenco de actores, y con un genial Groucho vendiendo cacahuetes a media obra, como si de un partido de béisbol se tratase.

Aquí podemos ver un trozo de la escena de la representación:


En fin, estamos ante una obra maestra del género, una película que a mí me hace reír a carcajadas, como si estuviera loco. No podéis dejar de ver esta maravilla. ¡Es una orden! Si no habéis visto la ópera de Groucho, no habéis visto nada...

Título original: A Night at the Opera. Dirección: Sam Wood. Guión: George Kaurman, Morrie Rysking. Música: Herbert Stothart. Fotografía: Merrit Gerstad. Reparto: Groucho Marx, Harpo Marx, Chico Marx, Margaret Dumont, Kitty Carlisle, Allan Jones, Sig Ruman, Walter W. King, Edward Keane.

LO MEJOR: Groucho en estado puro. Se ríe con y del mundo de la ópera de un modo genial y respetuoso. Te reirás, aunque a veces no sepas de qué. Es una obra maestra del género.

LO PEOR: Los clásicos tiempos muertos de la comedia de la época (aunque en este caso no se notan tanto como en otros títulos).

NOTA: 10/10.

viernes, 7 de octubre de 2011

Con la muerte en los talones (1959) - North by northwest


Nunca un traje le quedó tan bien a un hombre. Seamos francos, tomos queremos ser Cary Grant en Con la muerte en los talones. Con ese impecable traje azul que lo aguanta todo, persecuciones urbanas, forcejeo  ataques de avionetas, escalada libre... Pase lo que pase, tanto Cary Grant como su traje permanecen enteros, entrañables, geniales. Por eso todos queremos ser Cary Grant. Por aquel entonces decían eso de "las mujeres lo desean, y los hombres quieren ser como él". Y es que el bueno de Grant se metía a todos en el bolsillo, como cuando utilizaba los rumores sobre su supuesta homosexualidad para parecer todavía mas cercano, más simpático, más Cary Grant... Este tipo era un genio, sin lugar a dudas.


Y otro genio como Alfred Hitchcock lo sabía muy bien. El icónico director británico, que de esto sabía un rato, entendió que Grant era su hombre para este trabajo, una comedia de suspense con un ritmo frenético y un eco canallesco. Es bien sabido que a Hitchcock le perdía el humor negro, que le gustaba hacer bromas ácidas, y en esta película es donde se ve mejor.

Este film es una película con mayúsculas, perfecta (porque hasta tiene esos pequeños fallitos que hacen más completa una película), desde el primer momento que vemos unos espectaculares créditos de apertura, diseñados por ese diseñador gráfico que conocemos todos los que no sabemos más nombres de diseñadores gráficos, Saul Bass, hasta que el guión se va de farra y todo se vuelve loco. Desde el momento en que las letras empiezan a tomar perspectivas forzadas, piensas: "esto me va a gustar".


Y todo comienza por una curiosa casualidad. Roger Thornhill (Cary Grant), un publicista de la época en plan Mad Men, pero más gracioso y simpático, es confundido con un agente doble por los malos de turno, y de repente, tenemos una historia bastante difícil de creer pero tremendamente entretenida. Pura diversión del mejor Hitchcock, de ese que parece un crío malcriado y disfruta torturando actrices rubias.


Lo cierto es que esta es una película difícil de contar, es complicado decir de qué va más allá de la premisa básica. Y lo bueno es que no se genera una historia compleja, más bien todo lo contrario, recibimos algo parecido a un juego de niños, un lugar donde pasan cosas, y no importa mucho el por qué. Toda con una genial esencia art deco, con esa arquitectura de los 50 y 60, y con unos contrastes impresionantes que van desde la ciudad al campo, pasando por el desierto o el mismísimo Monte Rushmore.


Todo es muy inverosímil. A Hitchcock le encanta generar esa sensación. No solo el hecho de que te persiga una avioneta (sí, la archiconocida escena), o de que estés al lado de un joven Martin Landau y no sospeches que es un vilano a primera vista. Lo más inverosímil de todo, y también lo más divertido, es cómo se toma el personaje de Cary Grant todo lo que le sucede. Derrochando toneladas de carisma y buen rollo, Grant se come la película en múltiples y generosos bocados. Es un tío guay, es un tío con el te gustaría tomar una cerveza y charlar un rato. Es cercano y la vez inaccesible. 


Y la que más lo sufre es la chica de la película, la rubia (vaya, no me digas que Hitchcock dirige esta película) Eva Marie Saint, que aunque debe vigilar al personaje de Cary Grant, termina enamorándose de él. Y lo que es más importante, ¡a él le pasa lo mismo! El soltero de oro se enamora a primera vista, tal vez por el calentón que le aporta el hecho de que intenten matarle cada 5 minutos...


Pero da igual lo que pase en la película, solo tenemos ojos para Cary Grant y esa impresionante arquitectura tan característica. Y es que hay cosas impagables, como los geniales momentos en los que el personaje de Grant habla con su madre, o cuando se toma las cosas con su particular filosofía de "bueno, podría ser peor". Hitchcock consigue introducir toneladas de comedia en una cinta de suspense y conseguir que la intriga se mantenga intacta y absolutamente seria. No se trata de una parodia, se trata de una mezcla de géneros que contra pronóstico sale victoriosa en todos los embates.


Y no es que al orondo y británico director le de por la contención, la verdad es que lo da todo en la pantalla, algo muy de su estilo, forzando ángulos de cámara, realizando geniales trucos artesanales para los efectos especiales, y sí, también pasándose tres pueblos cuando le apetece. ¡Y qué bien resulta todo! Y eso sin hablar de la deliciosa fotografía de Robert Burks o de la divertida música Bernard Herrmann (¿puede un nombre ser más alemán?)...

Con la muerte en los talones es un clásico intemporal, una historia perfectamente construida y mostrada que solo hubiera sido mejor en nuestro país si se hubiera mantenido el título original que viene a ser algo así como Al norte por el noroeste. ¿Por qué? Pues porque lo de "con la muerte en los talones" suena demasiado obvio para una película que tiene genes de trilero y de imaginero de Disneylandia, de Tamariz tocando el violín, o de fuegos artificiales. Incluso un título como CULO hubiera sido mejor (y seguro que a Hitchcock le hubiera gustado más). ¡Haced el favor y vedla de una vez, aunque la tengáis que descargar de PeliculasYonkis!

Título original: North by Northwest. Dirección: Alfred Hitchcock. Guión: Ernest Lehman. Música: Bernard Herrmann. Fotografía: Robert Burk. Reparto: Cary Grant, Eva Maire Saint, James Mason, Martin Landau, Leo G. Carroll, Josephine Hutchinson, Philip Ober, Edward Platt, Adam Williams, Jessie Royce Landis.

LO MEJOR: Cary Grant está inmenso, entrañable, gigantesco. Y su traje no digamos. Divertida a rabiar. Como con las buenas ilusiones de magia, hasta cuando sabemos dónde está el truco nos dejamos engañar como niños.

LO PEOR: La traducción del título está grabada a fuego en España, pero no fue la mejor idea que se ha tenido a la hora de traducir títulos (aunque tampoco la peor, eso es verdad).

NOTA: 10/10.

martes, 27 de septiembre de 2011

Un día de furia (1992) - Falling Down


¿Puede haber una película que refleje mejor lo que siente la mayoría de la gente en estos días de crisis, recesiones, bodas de duquesas, políticos corruptos y 2000 euros de dietas? Yo creo que no, ya que Un dia de furia, del irregular Joel Schumacher, se ha convertido en un icono para todos los ciudadanos indignados de  las grandes ciudades desde que se estrenara, hace casi 20 años.


Estamos ante una película que ha recibido tantas críticas como alabanzas. Se la ha acusado de ser una declaración fascista, pero también de ser un alegato anarquista. Unos dicen que es una película de extrema derecha, otros dicen que es de extrema izquierda. Lo cierto es que simplemente es una película, pero los críticos son bastante toca-pelotas. Y es que este film bebe del estilo cultivado por el thriller de los años 80 (que a su vez bebía del que se creó en los 70, gracias a gente como Siegel o Peckinpah).

Un día de furia comienza con William Foster (Michael Douglas) metido en un monumental atasco en una carretera de Los Ángeles, mientras se dirige a casa de su ex mujer por el cumpleaños de su hija. Foster, un trabajador del ministerio de defensa, sufre un desequilibrio mental que solo se manifiesta en situaciones límite, y más de una de esas situaciones está apunto de aparecer...


Así que Foster se le cruzan un poco los cables y se ve forzado a abandonar su coche en el atasco y salir a buscar un poco de aire fresco. Ese hombre conservador, que viste como visten los controladores de la NASA de las películas ambientadas en los 70 y que tiene un corte de pelo de estilo militar, parece relajarse un poco, pero pronto se encontrará con problemas cotidianos que aparecen en cualquier ciudad: unos matones que te quieren chulear, un tendero que te trata como si fueras basura, una hamburguesería que te repite una y otra vez sus estúpidas reglas a la hora de servir desayunos, un fanático nazi que te cree su igual...


En una crítica un tanto tramposa (aunque innegablemente hábil y valida) de la sociedad urbana moderna, un Foster instalado en el nihilismo, por culpa de una serie de sucesos aleatorios, se introduce en una huida hacia delante que va cogiendo más y más velocidad, hasta que alcanza el punto de no retorno. Foster se convierte en un vengador urbano, en un libertario anarquista que encarna toda la frustración del ciudadano medio, aunque este ciudadano medio esté también medio loco.


Por otro lado tenemos al policía que se enfrenta a su último día de trabajo antes de retirarse, Prendergast (Robert Duvall), que seguirá los pasos de un cada vez más desquiciado Foster, e intentará pararle los pies. Se nos presentan, por lo tanto, a dos hombres (casi) corrientes enfrentados por cuestiones de puro azar. El mensaje es que el espectador podría ser cualquiera de los dos, que solo los pequeños detalles te pondrían a un lado o al otro de la línea. Hay algo de terror en esta película. Hay algo que nos asusta al mostrarnos una parte oculta de nosotros mismos, una parte que nos da algo de miedo, y que también nos gusta un poco.


Todavía me extraña que ninguna televisión haya aprovechado el momento que vivimos para poner una y otra vez esta película, esta especie de V de Vendetta alocada y colorista hija de los 90. Es una película cínica, tramposa, juerguista, nihilista, pero también angustiosa, triste... Consigue que empatices con los dos protagonistas, consigue que hagas tuyos sus problemas. Notas ese horrible calor de Los Ángeles, la opresión de ese ambiente lleno de polución, notas que, cualquier día tú podrías ser otro William Foster.

Esta es, ante todo, una película divertida, entretenida y ágil, pero también un espectáculo claustrofóbico y nihilista que puede afectar a más de uno. Les añado algunos de los mejores momentos del film, algunos de los detonantes que van subiendo el mercurio en el termómetro de William Foster:

La escena del dependiente Coreano:



La escena de la hamburguesería:



La escena del nazi de la tienda militar:


Título original: Falling Down. Dirección: Joel Schumacher. Guión: Ebbe Roe Smith. Música: James Newton Howard. Fotografía: Andrzej Bartkowiak. Reparto: Michael Douglas, Robert Duvall, Barbara Hershey, Rachel Ticotin, Lois Smith.

LO MEJOR: La capacidad que tiene para hacernos sentir todo lo que siente el protagonista. Un ritmo frenético.

LO PEOR: Es algo tramposa y poco sincera. A veces parece que hay muchas acciones y que faltan algunas reflexiones, la película podría tomarse un respiro para ganar profundidad.

NOTA: 7/10.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Excalibur (1981)


En los últimos años se ha puesto muy de moda eso de "las películas desmitificadoras". Esto no estaría mal si esas películas no trataran sobre mitos. Personalmente no aguanto eso. Mis películas legendarias me gustan míticas y épicas. Estoy hasta el pene, si me permitís la expresión, de joder mitos cuando no es necesario. ¡Señores, no estamos hablando del salvaje oeste, estamos hablando de leyendas! En este caso artúricas. Y hoy trato una de, para mi, las mejores sobre el tema. Una película inmensa de británico John Boorman, la sin igual Excalibur.


Aquí tenemos leyenda artúrica pura y dura: la espada Excalibur es un regalo de la Dama del Lago, y además es una espada mágica (¡como debe ser!), los caballeros de la Mesa Redonda parecen caballeros, el Grial trae poder... ¡Esto es lo que queremos del Rey Arturo y sus secuaces! 

Ahora se ha puesto de moda que Arturo sea una especie de legionario romano con una espada de mierda. ¿Pero esto qué es? Arturo (Nigel Terry) tiene que ser el hijo bastardo de Uter Pendragón (Gabriel Byrne), y tiene que sacar la espada de la piedra para pasar en un sencillo paso de ser paje a ser rey. ¡Joder! (Perdón).


Y es que aquí el mago Merlín (Nicol Williamson) hace magia, y Morgana (Helen Mirren) también hace magia. Por cierto, vaya reparto completito que llevamos, ¿eh? Pues todavía queda por nombrar, entre otros, unos jóvenes Liam Neeson (que hace del caballero Gawain) y Patrick Stewart (Leondegrace). No me puedo creer que no os apetezca tiraros al videoclub (es una forma de hablar, porque todos sabemos que ya no existen) a por una copia...


Y sí, la reina Ginebra (Cherie Lunghi) le pone la cornamenta, el astado, las comillas, o como queráis llamarlo al rey Arturo con su primer caballero y mejor amigo, el bravo Lanzarote (Nicholas Clay). Y Morgana engaña a Arturo (que es su hermano) para engendrar al malvado Mordred (interpretado por el malogrado Robert Addie). Así eran estas cosas en aquellos tiempos que nunca existieron. No juzguéis si no queréis ser juzgados...


Esta película es una maravilla visual, una historia contada a la antigua usanza, con unas armaduras que parece que pesan, y que brillan y refulgen (menos la del caballero negro, claro). Para colmo, el gran Trevor Jones pone la música. Sí, esta es una película épica, pero no al estilo épico de Michael Bay, no, esta es una película que pertenece a otra época, al estilo de la Los señores del acero (que debe mucho a Excalibur) de Paul Verhoeven, o al cine de Richard Fleischer.


Y sí, al final Arturo se va a Avalon, donde descansará ni vivo ni muerto hasta que tenga que volver a salvarnos a todos de esta mierda de mundo lleno de políticos (por favor, Arturo, vuelve pronto, que van a hacer mas recortes en sanidad y educación).

Excalibur es una película dura, áspera, pero tremendamente gratificante. Es pura aventura, espada y brujería ochentera. Sangre en el campo de batalla. Honor, venganza, redención, perdón... El grano de la película es gordo y feo, la fotografía de Alex Thompson nos rasca las retinas, y qué gran decisión fue esa. Aquí no hay HD ni 3D, ni pollas en vinagre. Aquí hay cine.


La niebla de guerra (tan presente en los videojuegos) es omnipresente a lo largo de la cinta. Una sensación de angustia, de claustrofobia viendo un mundo que se termina, una huida hacia delante de un tiempo que se precipita hacia la extinción. Ese es el mensaje de Excalibur, caballeros de brillante armadura, con sus debilidades humanas, en un mundo que cambia, muta y se vuelve impredecible e irreconocible. Todo eso lo vemos en la mirada del más fiel caballero, Perceval (Paul Geoffrey), mientras intenta atrapar un mundo que se le escapa entre los dedos.


Estamos ante un hermoso cuento. Posiblemente "el cuento" por excelencia. Y John Boorman nos lo presenta como debe ser, con toda la magia, sin abusar, sin saturarnos, pero poniendo una guinda tras otra en los momentos debidos. Así se forjan las leyendas...

Título original: Excalibur. Dirección: John Boorman. Guión: Rospo Pallenberg, John Boorman. Fotografía: Alex Thompson. Música: Trevor Jones. Reparto: Nigel Terry, Nicol Williamson, Helen Mirren, Paul Geoffrey, Gabriel Byrne, Nicholas Clay, Robert Addie, Liam Neeson, Cherie Lunghi, Patrick Stewart.

LO MEJOR: La épica contenida y bien entendida elevada a su máxima expresión. Un peliculón de otra época que se fue para no volver.

LO PEOR: Puede ser algo difícil de ver para los profanos, no es una película para todos.

NOTA: 8.5/10